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Estudios

“Toda decisión profesional tiene impacto en la vida de otras personas”

“Voces con Impacto” I Entrevista a la Dra. Núria Agulló y a Paulo Milanesio

Estrenamos Voces con Impacto, un nuevo espacio de entrevistas dedicado a compartir reflexiones y experiencias de profesionales que están contribuyendo a transformar la educación y la sociedad desde perspectivas diversas. 

En esta primera entrega conversamos con la Dra. Núria Agulló y Paulo Milanesio, impulsores de la nueva Unidad de Responsabilidad Social Universitaria (RSU) de IQS, que explican cómo esta iniciativa busca integrar la justicia global y el pensamiento crítico en la formación universitaria.

1. ¿Por qué era necesario crear una Unidad de Responsabilidad Social Universitaria en IQS?

Núria Agulló (N.A.): Hoy, más que nunca, la universidad tiene la responsabilidad de formar profesionales excelentes y, al mismo tiempo, conscientes del impacto social de su trabajo. Como dice Òscar Camps, fundador de OpenArms, “una formación sin conciencia no sirve de nada”.

La creación de esta unidad responde a la voluntad de reforzar y estructurar este compromiso, conectando aún más la formación con las realidades que nos rodean. Queremos abrir la mirada del alumnado, que entiendan que aquello que estudian puede tener un impacto transformador. La educación es el camino para formar profesionales con sentido crítico y compromiso social. Tal y como está el mundo hoy, tanto alumnado como profesorado debemos ejercer esta responsabilidad social para con nuestro entorno.

2. Paulo, ¿cómo explicarías de forma sencilla qué aporta la RSU a diferencia de una visión asistencialista o del voluntariado puntual?

Paulo Milanesio (P.M.): A menudo se confunde la responsabilidad social con acciones puntuales o con un voluntariado entendido como “ir a ayudar”. Pero la RSU parte de una lógica totalmente distinta: la horizontalidad con las comunidades. No llegamos con soluciones prefijadas, sino que escuchamos, entendemos y co‑creamos respuestas con quienes viven la realidad en primera persona.

Un ejemplo muy ilustrativo es el de una ONG que instaló grifos en cada casa de una comunidad de Uganda sin preguntar previamente qué necesitaban. Más tarde descubrieron que las mujeres seguían usando el único grifo central porque era un espacio seguro y significativo para ellas. Es decir, se invirtieron recursos en una solución que no respondía a las dinámicas reales de la comunidad.

Esa es, para mí, la diferencia principal entre un enfoque paternalista y uno verdaderamente horizontal: dialogar, comprender, aprender y trabajar en conjunto.

“La RSU parte de una lógica completamente distinta: la horizontalidad con las comunidades”

3. Núria, tú llevas años impulsando el Aprendizaje-Servicio en IQS. ¿Qué papel tendrá ahora el ApS dentro de la RSU?

N.A.:  El ApS es una herramienta fundamental para llevar el compromiso social y el pensamiento crítico a las aulas. La experiencia de estos años nos ha demostrado que, cuando la responsabilidad social depende solo de la voluntariedad o de la motivación individual de algunos docentes o estudiantes, la transformación que buscamos no llega a producirse.

Igual que enseñamos qué es un KPI, un balance contable o un ensayo reológico, también debemos enseñar a tener sentido crítico, a ser responsables y a comprender el impacto social del trabajo profesional. Y esto solo se consigue si el ApS forma parte del currículo: ya sea a través de una asignatura completa, de actividades dentro de una materia o de proyectos como TFG o TFM.

Además, cuando el alumnado ve que lo que hace en el aula es útil para alguien, los aprendizajes se vuelven mucho más significativos. Trabajar en contacto con la realidad les permite comprender las dificultades que existen en determinados contextos y, al mismo tiempo, les obliga a activar su creatividad para buscar soluciones.

“Cuando dejas los temas de Responsabilidad Social en manos de la voluntariedad… no se produce la transformación que perseguimos”

4. ¿Cómo se articula el ApS dentro de una institución en la que el profesorado tiene un papel tan central en las aulas?

N.A.: Con mucha paciencia y mucho acompañamiento. Sabemos que trabajar en ApS implica, en ocasiones, un esfuerzo adicional que no siempre queda reconocido en las acreditaciones oficiales. A esto se suman las dificultades habituales: calendarios académicos ajustados, programas curriculares exigentes y ritmos muy distintos entre la universidad y las entidades sociales.

Desde la unidad, nuestro objetivo es que el profesorado se sienta acompañado en todo momento y que la logística del proyecto se adapte lo mejor posible a la dinámica del aula. También es importante entender que las dificultades que van surgiendo forman parte del propio proceso de aprendizaje: el papel lo aguanta todo, pero la realidad es imprevisible y nos obliga a reaccionar. En este punto, la implicación del profesorado es absolutamente clave.

P.M.: El profesorado es el eje central. Son quienes lideran el aula, acompañan al alumnado y pueden abrir la puerta a metodologías nuevas. Desde la unidad podemos ofrecer apoyo, recursos, ideas o contactos, pero la integración real del ApS sucede en clase.

Introducir esta metodología implica salir de la zona de confort y hacer un pequeño esfuerzo extra, pero su impacto es enorme: permite que los estudiantes conecten sus conocimientos técnicos con realidades humanas, y eso transforma por completo la forma de aprender.

5. Paulo, vienes de trabajar 15 años en contextos humanitarios internacionales. ¿Qué te motiva a dar este salto a una universidad en Barcelona?

P.M.: Para mí es un desafío nuevo y muy estimulante. Coincide con un momento personal en el que quería volver a Barcelona, pero también con la oportunidad de acercar a los estudiantes un mundo profesional que muchas veces desconocen.

Cuando yo estudié ingeniería, nadie me explicó que con una carrera técnica podía trabajar en acción humanitaria de forma profesional. No hablo de voluntariado de fotos bonitas, sino de trabajo riguroso con impacto directo en las personas más vulnerables.

Traer esa realidad aquí significa ampliar horizontes, abrir la mirada y mostrar caminos profesionales que muchos estudiantes ni se imaginan.

“Nadie me explicó que con una carrera técnica podía trabajar en acción humanitaria de manera profesional”

6. Núria, ¿qué oportunidades ves en poder sumar perfiles tan distintos como el tuyo y el de Paulo dentro de una misma unidad?

N.A.: Creo que una unidad de RSU debe integrar perfiles diversos para poder ofrecer respuestas más completas a las necesidades que plantean las entidades y organizaciones sociales. En este sentido, la mirada de Paulo es especialmente valiosa porque se basa en su propia experiencia sobre el terreno, y eso aporta un conocimiento práctico incalculable para una unidad que nace con mucha energía, pero con poca trayectoria directa en contextos de campo.

Además, su trayectoria es un ejemplo muy potente para nuestro alumnado: demuestra que existen caminos profesionales más allá de incorporarse a una empresa tradicional y que la formación técnica también puede contribuir a transformar realidades. El mundo no se va a transformar solo, y contar con miradas complementarias dentro de la unidad nos permite acompañar mejor ese proceso.

“El mundo no se va a transformar solo.”

7. ¿Qué debería comprender cualquier futuro profesional formado en IQS sobre el impacto social de su trabajo?

P.M.: Que toda decisión profesional tiene un impacto directo en la vida de otras personas, independientemente de si trabajas en una farmacéutica, en una empresa familiar o en una ONG. Por eso es fundamental que el alumnado desarrolle empatía, sentido crítico y conciencia social. Antes de tomar una decisión técnica, siempre deberían preguntarse: “¿Cómo afecta esto a la sociedad?”.

Una formación excelente pierde sentido si no se comprende su impacto en el mundo real.

8. Núria, desde tu experiencia en ApS, ¿cómo se puede cultivar esta mirada crítica y social en el alumnado?

N.A.: Siendo persistentes y transmitiendo que esta mirada forma parte del ADN formativo de IQS. Solo funciona si el profesorado cree en ello. Cuando la RSU entra en el aula, podemos interpelar al alumnado, pedirles que argumenten y colocarles ante situaciones reales que generen diálogos auténticos.

No debemos tener miedo a debatir de todo en clase. Si solo ofrecemos ejercicios con respuestas correctas o incorrectas, no aprenderán a discernir ni a desarrollar criterio propio. También es nuestra responsabilidad hacerles conscientes de las consecuencias de sus acciones y, para ello, debemos enseñarles a tener una visión lo más amplia posible de la realidad.

Solo así aprenderán a tener una mirada crítica, independientemente de la profesión que terminen ejerciendo.

9. Paulo, hablas mucho de desarrollar conciencia crítica. ¿Qué aporta esto al perfil profesional del alumnado, incluso si no se dedica a cooperación?

P.M.: La conciencia crítica amplía la mirada y da más herramientas para resolver problemas. Tras trabajar en unos 20 países, puedo asegurar que el contacto con culturas, dinámicas y realidades distintas no solo te transforma como persona: también te convierte en mejor profesional.

Un ingeniero diseñará mejores soluciones si entiende cómo vive la gente y cuáles son sus necesidades reales. Y un gestor empresarial tomará decisiones más acertadas si comprende cómo afectan a trabajadores, proveedores o comunidades.

No hace falta irse a una guerra para aplicar esta mirada. Puede darse en una empresa, en una startup o en el barrio de al lado. La clave es entender la complejidad humana y la diversidad de realidades que la conforman.

“No hace falta irse a una guerra para aplicar esta mirada. Puede darse en una empresa, en una startup o en el barrio de al lado”

 10. Núria, ¿qué papel puede jugar el voluntariado, que a veces se confunde con ApS, dentro de esta nueva etapa?

N.A.: Tengo una visión muy personal sobre este tema: creo que el voluntariado debe ser una consecuencia del trabajo que realizamos desde la unidad, no el punto de partida. Debemos tener en cuenta la realidad y las características de nuestro alumnado. Llevamos años impulsando el voluntariado, aunque los resultados no siempre han sido los esperados.

Nuestra labor, por tanto, es hacer que los estudiantes conozcan entidades y ONG a través de su trabajo en las aulas. A partir de ese contacto real es cuando puede surgir una motivación auténtica para implicarse como voluntarios.

En esta línea, estamos trabajando en una asignatura de Acción Social que incluya horas de voluntariado en organizaciones vinculadas a IQS. Al integrarlo en una materia, garantizamos que el alumnado reciba formación sobre lo que significa ser voluntario, podamos hacer seguimiento de su experiencia y cerrar el proceso con una sesión de reflexión y diálogo.

Como decíamos, nuestra prioridad es acompañar al alumno en este camino y ofrecerle aprendizajes transversales que complementen su formación. El voluntariado puede ser una herramienta valiosa para lograrlo, siempre que llegue en el momento adecuado.

11. ¿Hacia dónde os gustaría que evolucionara la RSU en los próximos años?

P.M.: Si pudiéramos soñar, me encantaría que surgiera un grupo de estudiantes autónomo que impulse proyectos de cooperación y justicia global sin depender necesariamente de la unidad ni del profesorado. Que la iniciativa nazca de ellos y ellas, y que nosotros estemos para facilitar recursos, contactos y el marco adecuado.

Eso sería un verdadero éxito: una comunidad estudiantil activa, crítica y con ganas de transformar.

N.A.: Nuestro objetivo es consolidar una estructura estable dentro del organigrama de IQS, que mantenga vínculos sólidos con entidades y ONG y genere también líneas propias de acción e investigación. Queremos que el Aprendizaje‑Servicio, como herramienta para llevar la cooperación y la justicia global al aula, esté plenamente integrado en la forma de enseñar de IQS, y que todo el alumnado tenga la oportunidad de trabajar con esta metodología.

En definitiva, aspiramos a que la Responsabilidad Social Universitaria forme parte de la identidad académica de IQS, más allá de las personas concretas que hoy formamos parte de la unidad.

12. ¿Qué mensaje os gustaría dejar al alumnado que empieza a descubrir esta nueva unidad?

P.M.:  Que estén abiertos. Que entiendan que lo que estudian no solo sirve para aprobar asignaturas o conseguir un buen trabajo, sino que puede contribuir, desde lo pequeño o desde lo grande, a mejorar realidades cercanas o lejanas.

La responsabilidad social no es un añadido: es una forma de mirar el mundo y de situarse en él.

N.A.: Me gustaría que el alumnado ampliara su perspectiva sobre las realidades que lo rodean y entendiera que, con la formación que recibe en IQS, sea cual sea, tiene la capacidad de generar un impacto real. No desde el paternalismo ni el asistencialismo, sino desde una mirada que se construye aprendiendo con la comunidad.

En la RSU creemos que todos los sectores pueden ofrecer aprendizajes valiosos y que trabajar de manera colaborativa en realidades injustas tiene un poder transformador enorme. En definitiva, se trata de encontrar un propósito que vaya más allá del beneficio individual.

“La responsabilidad social no es un añadido: es una forma de mirar el mundo y de situarse en él”