Saltar al contenido

Estudios

“Mira a los ojos, no a la pobreza”

VOCES CON IMPACTO I Entrevista al Dr. Flavio Comim y al Dr. Mihály Borsi

En la tercera edición del espacio Voces con impacto, en el que entrevistamos a profesionales que contribuyen a transformar la sociedad, conversamos con el Dr. Flavio Comim, decano de IQS School of Management, y el  Dr. Mihály Borsi, director del Departamento de Economía y Finanzas de IQS.

Ambos impulsan el nuevo Observatorio de Aporofobia (AporoLAB) y, junto a otros centros de la Universidad Ramon Llull (URL) y representantes de la sociedad civil, participan en la organización del Congreso Internacional de Aporofobia, cuya cuarta edición se celebrará el próximo mes de octubre.

En la entrevista abordan este fenómeno, sus implicaciones sociales y el papel de la academia en su comprensión y abordaje.

Las respuestas han sido elaboradas de forma conjunta por ambos profesores.

1.  ¿Por qué es importante seguir generando espacios de reflexión académica y social sobre la aporofobia hoy?

Porque la aporofobia sigue estando muy presente, aunque muchas veces no la nombremos como tal. Se manifiesta en cómo hablamos de las personas en situación de pobreza, en el diseño de ciertos espacios urbanos, en la forma en que se juzga la vulnerabilidad o incluso en cómo algunas personas dejan de sentirse parte de la comunidad.

Pero también aparece de formas más institucionales y normalizadas: en las diferencias en el trato dentro del sistema de salud, en el tiempo y la atención que se dedica a determinadas personas, en las dificultades acumulativas dentro del sistema educativo o en cómo algunos entornos terminan reproduciendo desigualdades desde edades muy tempranas. No siempre hablamos de rechazo explícito, sino de una suma de pequeñas barreras, distancias o invisibilizaciones que acaban teniendo efectos muy reales.

Todo esto ocurre, además, en un contexto en el que las brechas sociales siguen creciendo en muchos países. El acceso a la vivienda, la precariedad laboral, las desigualdades educativas o fenómenos como el cambio climático pueden intensificar aún más determinadas vulnerabilidades en los próximos años.

2. Desde vuestra trayectoria, ¿qué os llevó a implicaros en el estudio y la divulgación de la aporofobia?

En nuestro caso, hubo una combinación de trayectoria académica y experiencia personal. Durante años trabajamos en temas de pobreza y desigualdad, pero observamos que existían muy pocos estudios centrados en las actitudes hacia las personas pobres.

La aporofobia tiene, además, una particularidad relevante: muchas veces aparece normalizada. Hay discursos o decisiones que probablemente serían inaceptables respecto a otros colectivos, pero que todavía se toleran socialmente cuando afectan a personas en situación de vulnerabilidad.

A nivel más personal, el interés se consolidó tras la publicación, en 2017, del libro de la Dra. Adela Cortina, catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, coincidiendo con nuestra incorporación a IQS-URL. A partir de ahí, comenzamos a trabajar conjuntamente en esta línea.

En 2019 formamos un equipo con el Dr. Octasiano Valerio y la Dra. Georgina Curto, y visitamos a la Dra. Adela Cortina y al Dr. Jesús Conill en Valencia. Aquellas conversaciones marcaron un punto de inflexión importante. Su aportación filosófica nos pareció profundamente inspiradora, pero también vimos la necesidad de complementar ese enfoque desde la economía del desarrollo: avanzar hacia un marco más aplicado, analizar dinámicas sociales e institucionales y, sobre todo, intentar medir el fenómeno.

Otro elemento relevante es que, en aquel momento, apenas existían publicaciones académicas en inglés sobre aporofobia. Era un concepto conocido en el ámbito hispanohablante, pero con escasa presencia internacional, lo que reforzó nuestra motivación para estudiar mejor el fenómeno y generar conversación pública alrededor de él.

“La aporofobia aparece muchas veces normalizada”

De izquierda a derecha. Fila superior:  Pedro Jesús Pérez y Jesús Conill (Universidad de Valencia); Mihály Borsi y Octasiano Valerio (IQS). Fila inferior: Georgina Curto (United Nations University Macau), Marina García-Granero y Adela Cortina (Universidad de Valencia); Flavio Comim (IQS). Mayo 2019.

3. La aporofobia no siempre es visible. ¿Cómo se manifiesta y por qué resulta difícil de identificar?

Porque no siempre se expresa como odio explícito. A menudo se manifiesta como distancia, indiferencia, desconfianza o culpabilización. Por ejemplo, cuando se asume que alguien es pobre porque no se ha esforzado lo suficiente, o cuando la pobreza se interpreta únicamente como un fracaso individual.

También aparece en situaciones cotidianas: evitar determinados barrios, rechazar ciertos perfiles laborales, invisibilizar a personas sin hogar o asociar vulnerabilidad con inseguridad. Además, suele cruzarse con otros factores como el origen, la raza, el género o la situación migratoria.

En uno de nuestros trabajos recientes mostramos que la percepción hacia una persona migrante cambia de forma significativa dependiendo de si se la asocia con éxito económico o con pobreza. Esto sugiere que, en muchos casos, el rechazo no se dirige tanto hacia “el otro” como hacia quien es percibido como pobre.

Eso hace que la aporofobia tenga un componente muy interseccional y, al mismo tiempo, especialmente difícil de identificar. Porque muchas veces está culturalmente integrada. Hay prejuicios que se han normalizado tanto que dejan de parecer prejuicios.

4. Diversos estudios apuntan a que la aporofobia genera vergüenza y autodesprecio en quienes la sufren. ¿Qué consecuencias tiene esto a nivel personal y colectivo?

A nivel individual, una de las consecuencias más duras es la pérdida de dignidad y de sentido de pertenencia. Cuando una persona siente que molesta, que vale menos o que debe justificarse constantemente, esto afecta profundamente a su autoestima y a su relación con los demás.

A nivel colectivo, las consecuencias son igualmente importantes. Una sociedad en la que determinados grupos quedan fuera del “nosotros” se vuelve más fragmentada, más desconfiada y menos cohesionada. La aporofobia no solo daña a quienes la sufren directamente; también empobrece moral y socialmente a la comunidad.

¿Y cuál es el resultado final de todo esto? Más tensión social, más vulnerabilidad acumulada y, en muchos casos, más sensación de injusticia y exclusión. Cuando determinadas personas sienten que no forman parte de la sociedad o que el sistema constantemente las deja atrás, aumentan también los riesgos de fractura social, conflictividad o incluso ciertos tipos de violencia y delincuencia vinculados a dinámicas de exclusión persistente.

Desde el punto de vista económico, el coste también es significativo. No solo por el impacto en los sistemas públicos, sino porque una sociedad que desaprovecha talento y reproduce desigualdades estructurales es menos productiva, menos innovadora y menos cohesionada a largo plazo.

“La aporofobia no solo daña a quienes la sufren: empobrece al conjunto de la sociedad”

5. ¿Qué papel juegan las estructuras económicas, sociales y culturales en la reproducción de este fenómeno?

Un papel fundamental. La aporofobia no surge únicamente de actitudes individuales, sino que se alimenta de narrativas sociales sobre éxito, mérito o utilidad económica. Estas narrativas tienden a valorar a las personas según su capacidad de producir o consumir, lo que genera una mirada especialmente dura hacia quienes quedan fuera de esos parámetros. Así, la pobreza puede percibirse como un fallo moral, ignorando las trayectorias vitales y las desigualdades estructurales que hay detrás.

Estas dinámicas se reflejan tanto en discursos como en prácticas institucionales: en el acceso desigual a servicios, en sistemas educativos segmentados, en la representación de la pobreza en los medios de comunicación o incluso en el lenguaje que utilizamos. No es lo mismo hablar de personas “vulnerables” que tratarlas como si fueran una amenaza o una carga.

Los gobiernos y las políticas públicas también desempeñan un papel clave, tanto positiva como negativamente. En algunos contextos, determinadas medidas terminan criminalizando la pobreza o expulsándola del espacio público. Es el caso, por ejemplo, de Hungría, país de origen de Borsi, donde una ordenanza estatal aprobada en 2018 llegó a penalizar el hecho de vivir o dormir en espacios públicos, transmitiendo un mensaje muy claro sobre quién pertenece y quién queda fuera.

Este tipo de dinámicas no son aisladas. Se observan en distintas partes del mundo a través de procesos de segregación espacial o de lo que se denomina “arquitectura antipobre”: diseños urbanos, barreras físicas o mobiliario pensados para limitar la presencia de personas vulnerables en el espacio público, así como periferias que concentran exclusión.

Brasil, país de origen de Comim, constituye otro caso significativo. No es casualidad que sea uno de los países donde más se ha reflexionado sobre aporofobia. Las profundas desigualdades históricas han dado lugar a estructuras e instituciones que han consolidado espacios específicos de exclusión, como las favelas, donde la pobreza no solo implica marginación social, sino también estigmatización territorial e incluso criminalización. En estos contextos, la pobreza deja de percibirse como una cuestión social y pasa a tratarse como una amenaza que debe mantenerse alejada de determinados espacios.

Además, el contexto actual puede intensificar estas dinámicas. El aumento del coste de vida, la precariedad laboral, la crisis de vivienda o el impacto del cambio climático pueden ampliar las brechas sociales y generar sociedades más fragmentadas si no se abordan adecuadamente.

Por eso, no basta con apelar a la empatía individual. Es necesario revisar discursos, políticas públicas, formas de comunicación y dinámicas institucionales. Porque, en el fondo, la aporofobia no habla solo de pobreza, sino del tipo de sociedad que consideramos aceptable.

“No basta con promover empatía individual: es necesario revisar políticas, instituciones y discursos”

6. ¿Qué papel deben desempeñar las universidades y, en particular, las instituciones jesuitas?

Las universidades tienen, en general, una gran responsabilidad: en primer lugar, investigar y propiciar el debate sobre este tema, dado que la organización de las sociedades, incluido el funcionamiento de sus instituciones y la formulación de políticas sociales, está profundamente influida por la aporofobia. Se trata de una cuestión que, al igual que el género o el racismo, no puede ser ignorada por las ciencias sociales y humanas.

En el caso de las instituciones jesuitas, cuya identidad y misión están comprometidas con quienes más sufren en la sociedad y con las personas en situación de pobreza, este tema adquiere una relevancia aún mayor, ya que pasa a formar parte de los objetivos y propósitos que orientan nuestro trabajo.

Por ello, tanto las universidades en general como las instituciones jesuitas deben asumir un compromiso con acciones concretas que contribuyan a reducir la aporofobia, no solo dentro de sus entornos académicos, sino también hacia el exterior, como expresión de su misión pública.

7. ¿Cómo se articula este compromiso en IQS-URL?

El Congreso Internacional de Aporofobia es un claro ejemplo. Desde sus inicios, no se ha concebido como un encuentro académico convencional, sino como un espacio de diálogo entre la academia y las organizaciones sociales, con una marcada vocación de impacto.

Estos congresos han logrado implicar a numerosos académicos de distintas áreas de IQS y del conjunto de la URL. Se han consolidado como una iniciativa singular, fruto de la colaboración entre IQS, la Fundació Pere Tarrés, Blanquerna, ESADE, La Salle, el Instituto Borja de Bioética, Vidal i Barraquer y ESDI, junto con organizaciones sociales de gran relevancia como Arrels, Cáritas, ASSÍS, Cristianisme i Justícia, Jesuïtes Social y la Fundación “la Caixa”.

Desde su origen, el congreso cuenta con un ADN profundamente comprometido con la realidad social. En esta misma línea, destaca la creación del Observatorio de Aporofobia (AporoLAB), impulsado por IQS-URL en colaboración con la Fundación “la Caixa”. Este proyecto cuenta con la participación de la Dra. Pilar Muro, doctora en Psicología, y tiene como objetivo avanzar en la generación de estadísticas a escala nacional sobre la aporofobia, al tiempo que estudia sus causas y dinámicas desde una perspectiva interdisciplinar, generando indicadores y análisis comparables y contribuyendo al debate público y al diseño de políticas basadas en la evidencia.

“El congreso tiene un ADN profundamente comprometido con la realidad social”

8. ¿Qué aprendizajes destacan de las ediciones anteriores?

El principal aprendizaje es que el alcance de los debates sobre aporofobia es extraordinariamente amplio. No se trata únicamente de un campo interdisciplinario, que lo es, y de manera notable, abarcando desde la economía y la estadística hasta la salud, la educación, el derecho, el trabajo social, la psicología y la filosofía, sino que, sobre todo, tiene la capacidad de inspirar acciones muy concretas que interesan no solo a la academia y a las organizaciones sociales, sino también al sector público y al mundo empresarial.

Esta dimensión aplicada de la aporofobia ha emergido de forma clara y consistente a lo largo de todos los congresos.

Del mismo modo, se ha generado un volumen creciente de conocimiento conceptual y reflexivo que puede orientar políticas públicas y contribuir a sensibilizar a la ciudadanía.

En definitiva, la aporofobia es una forma de discriminación cuyas implicaciones sociales son profundas y de largo alcance y su estudio, cada vez más, nos interpela a todas y todos.

9. ¿Qué impacto esperáis de esta cuarta edición?

Esta cuarta edición será especial por muchas razones. Una de ellas es la presentación de la primera encuesta de indicadores nacionales de aporofobia, junto con un mapa de la aporofobia en España. Se trata del primer resultado de la investigación que desarrollamos en AporoLAB, con el apoyo de la Fundación “la Caixa” y de IQS, que analizará un amplio conjunto de medidas de aporofobia y su relación con aspectos clave de la política social en España.

La generación de esta evidencia resulta especialmente necesaria, dada la elevada subnotificación de la aporofobia en los datos oficiales, particularmente cuando se aborda desde la perspectiva de los delitos de odio.

Además, esta edición consolidará la red de investigadores en aporofobia, AporoNET, como un espacio de encuentro para todas aquellas personas interesadas no solo en el estudio del fenómeno, sino también en la búsqueda de soluciones reales en todos sus niveles.

 “Medir la aporofobia es un paso clave para poder abordarla de forma efectiva”

10. Si tuvierais que trasladar una idea clave a la comunidad IQS sobre este tema, ¿cuál sería?

Que la aporofobia no habla solo de las personas pobres; también habla de quienes no lo son y de cómo reaccionan ante la vulnerabilidad, la exclusión o la desigualdad.

A veces pensamos que la pobreza es únicamente un problema económico, cuando en realidad también tiene una dimensión profundamente social y relacional. La manera en que una sociedad mira, trata o juzga a las personas en situación de vulnerabilidad dice mucho sobre sus valores colectivos. Por eso, combatir la aporofobia no consiste solo en ayudar a quienes tienen menos recursos, sino también en cuestionar prejuicios, incomodidades y discursos que muchas veces hemos normalizado sin darnos cuenta. En el fondo, se trata de construir una sociedad más justa, más cohesionada y más humana.

Probablemente no hay mejor espacio para iniciar esa reflexión crítica y honesta que la universidad: un lugar donde todavía es posible cuestionar narrativas establecidas, conectar conocimiento con compromiso social y formar personas, además de profesionales.

“Construir una sociedad más justa implica revisar también nuestras propias miradas”